Escribir con las propias manos / La escritura trans* como detonadora de memoria

 

 

 

 

 

 

Por Lia García

No es lo mismo escribir de nosotras que con nosotras […]

Lohana Berkins.

 

Escribir sobre la vida propia es un acto completamente político, pues no se trata de solamente plasmar la autobiografía como acto estático sobre el papel, sino que implica hacer de las letras un entramado vivo de emociones, sentimientos, experiencias, encuentros, desencuentros y múltiples realidades de deseo que habitan nuestro interior.

Ha sido la vida de las personas que han dejado huella en nosotras y en el acontecer del mundo las que han hecho historia, y la historia misma, entonces, es tiempo de echar raíces con nuestra vida y cimentar el amplio paradigma de la memoria que prevalece a través de la escritura y el sentir y por qué no, proponer otras formas de hacer teoría, porque la vida también debería fundar la teoría, sí como el cuerpo.

Aún recuerdo aquellos años de primaria y secundaria en los cuales uno de los ejercicios era escribir la propia historia de vida y hacer un recuento de lo vivido. Un proceso difícil y continuo que ocupa un mayor volumen conforme pasan los días y las historias y que nos hace enfrentarnos con la archiva propia, como una propuesta de encuentro, desencuentro y sanación, pues no resulta nada fácil escarbar en el pasado; una se encuentra con heridas, cicatrices, oscuridad y terrenos punzocortantes que siempre están ahí acompañándonos y que nos recuerdan que sobrevivimos; de vez en cuando es necesario descender al abismo, donde también hay vida.

Siento muchas emociones al encontrarme sentada frente a la computadora escribiendo sobre este tema, pues casi siempre leo artículos, tesis, informes u otro tipo de documentos sobre personas trans* escritas por otras manos que en la mayoría de los casos, no desean construir con nosotras; nos utilizan como objeto de estudio y como casos pertinentes para exotizar y para autoadjudicarse una imagen políticamente correcta disfrazada de extractivismo académico o periodístico que goza de esta acción de extraer la vida y las voces de los otrxs para escribirla sin convocar a quienes les pertenece este saber.

Es aquí donde podemos formular la pregunta recurrente ¿qué pasa con la escritura de las personas trans*? Sin la escritura de las personas trans* no podríamos aproximarnos a esa otra realidad que buscamos día con día en nuestro andar que se traduce en las batallas que combatimos, encarnamos y que nos atraviesan el cuerpo, los cuerpos.

 

 

Es tiempo de retomar nuestra propia historia como acto de resistencia y como antecedente para construir nuevas formas de conocimiento, nuevos saberes y experiencias a través de anti-metodologías íntimas de  transición, narraciones encarnadas que prevalezcan y desde donde podamos, incluso gestar alianzas entre personas y movimientos. Cada día me veo, nos vemos, obligadas a actuar y, quizás, lo hagamos desde el desorden.

Somos nosotras las personas trans* quienes llevamos nuestro saber de la frontera al centro, ponemos en contacto al mundo capitalista y neoliberal con otras realidades gestadas en la periferia, el límite y lo invisible. Todas las historias de dolor que nos habitan y que están conectadas con el rechazo, la invisibilización, la incertidumbre diaria, la pregunta por la vida y la muerte o la lucha por ser nombradas como lo que hemos elegido son la fuente que hace emanar nuestro conocimiento y nuestra resistencia continua.

Son nuestras ancestras también quienes hacen posible este proceso de aprendizaje. Cada una de las que nos ha quitado este estado habitan nuestro cuerpo y reconfiguran nuestra valentía porque hasta eso nos ha negado la historia y nosotras no lo vamos a permitir, somos legado espiritual, curanderas por naturaleza y entidades transformadoras de los sistemas tan violentos que habitamos.

¿Pero qué y cómo sería una escritura trans*? Una escritura trans es una escritura que se desprende de la justificación teórica y la explicación objeto-científica que ha imperado a lo largo de la historia sobre nuestros cuerpos. Nuestra escritura no necesita otra justificación más que la propia, pues son nuestras historias las que necesitan justificar que hay otras formas de habitar el mundo, los cuerpos, las identidades y los afectos. Formas infinitas y coloridas de vivir y de sentir.

Hemos mostrado históricamente, querer estar en las cosas que hacemos y sabemos, con la propia subjetividad, renunciando a la abstracción y a lo universal con el poder que ello pueda dar, para no perder el contacto con las cosas y así sentirlas y saberlas. El desprecio por los saberes enraizados en la experiencia viva de las personas trans*, pienso que daría lugar a ciencias humanas sin sentido, a una justicia ciega y violenta, a una escuela que no sabe enseñar, a una política de adeptos al trabajo, a una sociedad de extraños. Con nuestra escritura trans* hacemos ver que existen otros saberes que se alimentan del intercambio con nosotras y que es también nuestro ser cuerpo: ser a la vez cercana y lejana, silenciosa y locuaz, depositaria de secretos primordiales, amoras que proponemos la libertad.

 

*El asterisco engloba múltiples identidades trans que se escapan del binario, lo complejiza.


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