Hoy será la última reunión con las personas que te aman, debes verte bien.

Por Angela Talamantes

 

 

 

 

 

 

 

La última imagen es la que cuenta. Para mí, Angela, será satisfactorio arreglarte para que se queden con el mejor imagen y te recuerden siempre…

El embalsamamiento es el proceso de preservación, desinfección y presentación estética de un cadáver humano, en el cual vamos a atrasar el proceso de descomposición y disminuir el dolor visual ante los familiar y amigos. Asimismo, vamos a darle una velación digna a la persona finada.

Éste proceso consiste en una técnica por donde el cuerpo es tendido en la plancha o mesa de acero, en la cual se despoja de toda ropa o mortaja y empezamos con masajes en los músculos para remover el rigor mortis (endurecimiento muscular). Las facciones se arreglan antes de una inyección de químicos, ya que después de que el cuerpo haya sido inyectado es difícil reacomodar labios y ojos.

Continuando con el proceso, se realiza la localización del sistema vascular por medio de una incisión menor a cuatro centímetros por el área -ya sea femoral, carótida, etc., depende de la complexión corporal-; cuando se encuentran la vena y la arteria, por la incisión hecha se introduce una cánula para la inyección del químico compuesto. Al mismo tiempo se drena la sangre por la vena principal y así evitar la descomposición de los tejido ya que este es uno de los factores principales de los órganos.

Seguimos con este procedimiento. Ahora vamos a aspirar los líquidos naturales del cuerpo (sangre, orina, heces fecales, gas, etc.). Esto se hace con un instrumento llamado “trocar”, el cual se introduce haciendo un orificio abajo de la última costilla, este es conectado a una bomba de aspiración. Terminamos con la limpieza del cuerpo, la vestimenta y el arreglo estético, sea mujer u hombre.

 

Mi nombre es Ángela y esto es mi pasión. Nosotros los embalsamadores no somos nada insensibles ni sangre fría como dice la mayoría de la gente. Somos como tú, como cualquier persona. Lo que nos diferencia de las demás es el amor a esta profesión y lo digo como mujer: hay un respeto tanto para la persona fallecida, para el familiar y para nosotras las mujeres que realizamos esta hermosa labor.

Estar ante una persona fallecida te trae a la mente la familia, los hijos, la propia vida. Se valora mucho… se ama la vida.

Tantas experiencias que día a día se viven…

En el momento de estar presente en una preparación nunca me siento sola: hay una presencia, quizás la de la persona que voy a preparar o de algún alma que anda vagando. Jamás me siento sola, se manifiestan de diferentes formas y es porque agradecen el que mitigamos el dolor haciendo que se vean que están dormidos, inhertes para nosotros, dormidos para ellos.

Una ocasión tuve la fortuna de preparar un angelito. La mamá, devastada del dolor, dolor que jamás se compara ante ninguna otra pérdida. Terminé mi preparación y al salir para presentar mi trabajo decidí mejor enseñarle a su bebé llevándolo en mis brazos. De pronto mis oídos escucharon el arrullo más hermoso que pude haber escuchado. La mamá lo tomó en sus brazos y su llanto lo cambió por una canción de cuna. La dejé ahí sola con su ángel por dos horas. Me sentí mal al separarla ya que en ese momento ella debía aprovechar tenerlo en sus brazos por última vez.

Otra ocasión conocí el amor verdadero. Una señora, 76 años. Diabetes e infarto agudo al miocardio fueron las causas para quitarle la vida a Doña Elena (Elenita como le decía su esposo). No entraré en más detalles, creo están de más. Al presentarle el resultado al señor, fue una combinación entre amor y dolor, sus lágrimas rodaron, una sonrisa pintada traía Don Jesús. Su expresión: “Elenita, qué hermosa te dejaron, hasta muerta no dejas de ser hermosa y así jamás dejarás de ser el amor de mi vida. Aquí te entrego, mi Elenita. Yo estaré contigo en vida. Espérame así de hermosa que yo te alcanzare”. A las pocas semanas puse un traje gris, rasure, realicé un nudo de corbata. Tenía en mis manos a Don Jesús con una bella sonrisa.

Y así muchas anécdotas podría contar. Casi no veo a mis hijas, pero la entrega que tengo hacia mis muertitos es mucha. Y siempre, siempre los honro.

 

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