Trabajar para la chaviza

El concepto “cabaret” siempre es relacionado con noche, fiesta, bebida, risa. Y sí, esos son elementos presentes cuando, ante un público generalmente adulto, se brinda una función cabaretera. Sin embargo, en esta asociación vamos más allá y sacamos del escenario al cabaret para llevarlo a plazas públicas,  mercados, instituciones gubernamentales, manifestaciones y, por supuesto, a escuelas. Por éstas últimas nos referimos a presentar nuestros proyectos cabareteros en casi cualquier nivel educativo (nunca hemos hecho un proyecto en un kinder, la verdad), pues creemos firmemente que lxs niñxs y jóvenes de este país son seres pensantes, importantes,  quienes merecen tener información fidedigna sobre los temas que les atañen, importan y viven.

Así, hemos creado estrategias donde ponderamos la perspectiva de juventud, entendida como el enfoque por medio del cual se reflexiona sobre el papel de la juventud en su contexto actual, con la finalidad de reconocer a este grupo poblacional como uno capaz de aportar grandes contribuciones a la sociedad. Como quien dice, no aplicamos el “estás chavo, chavo” o el “no, niña, estás muy chiquita y de eso no sabes”. Por el contrario, escuchamos lo que este grupo tiene que decir, atendemos sus dudas e inquietudes y creamos o procuramos herramientas para dar voz a quienes son mayormente relegadxs o subestimadxs.

Por ejemplo, nuestro proyecto “Las Nuevas Monografías” fue creado con la finalidad de hablarle a lxs jóvenes sobre temas como violencia en el noviazgo, derechos sexuales, aborto, condón masculino y femenino, etc.; llevamos un sketch con un personaje que cuenta una historia donde la premisa es alguno de estos temas, luego un experto o experta platica con lxs chavxs sobre lo visto, aclara conceptos, resuelve dudas y reparte monografías -como las que se compran en la papelería, pero en lugar de hablar sobre el sistema solar o los Niños Héroes contiene información sobre los tópicos mencionados arriba-.  Hasta aquí, digamos, nuestra labor está cumplida: llevamos teatro, creamos una complicidad con el público y le informamos.

Después viene nuestro aprendizaje. Vemos reacciones, escuchamos comentarios, respondemos a lo que inteligente y curiosamente se nos pregunta. A veces nos quedamos con el ojo cuadrado al notar cuánto conocimiento sale de las bocas de lxs niñxs, también se nos apachurra el corazón cuando algún chico o chica nos cuenta una historia violenta de su vida, o se nos hace bolas el estómago cuando escuchamos alguna machinada de un o una docente. Por eso remarcarmos la importancia de trabajar para jóvenes, de entender que no son personas sin valor sólo porque las hormonas hacen de las suyas o porque no tienen idea de la vida, ¡claro que la tienen! Sólo hay que saber escuchar para darse cuenta.

Así, seguiremos trabajando con y para este sector de la población, el cual necesita convertir tanta información a la que tiene acceso en conocimiento para vivir una vida mejor y poder decir “hey, aquí estoy, considérame ahorita, no hasta que cumpla 18”.

 

martinico